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Bill Frisell: El hombre tranquilo vuelve a casa

Miércoles, 4 de Noviembre de 2009

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La Fundación Barenboim-Said acogió en su sede el taller o workshop impartido por el guitarrista Bill Frisell, que esta noche (miércoles 4 de noviembre, 21 horas, 14 euros) ofrece un concierto en el Teatro Central de Sevilla con su banda 858 Quartet, nacida en su día para “musicar” unas pinturas de Gerhard Richter y emancipada más tarde de aquel primer objetivo, por la sencilla y determinante razón de que Frisell y sus amigos disfrutaban de lo lindo tocando juntos. En una de las aulas de la fundación, nos recibía a Dan Kaplan (líder del grupo Krooked Tree) y a quien firma estas líneas. Al concluir el workshop, vimos salir a los participantes, entusiasmados, y entre ellos al guitarrista Matías Comino (O Sister!), que nos decía: “Es increíble, como si tocara el piano con la guitarra”. Esa afirmación da idea de la complejidad armónica del de Colorado, así como de su sonoridad. El crítico Joachim Berendt aseguraba que los años de clarinete –instrumento con el que Frisell diera sus primeros pasos– habían marcado su estilo, su peculiar sonido. Le preguntamos a Frisell si está de acuerdo. “Sí, claro. Empecé a estudiar seriamente con ese instrumento y, aunque hace tiempo que no lo toco, creo que influyó en la digitación y en mi forma de entender la guitarra. De alguna forma, trato de respirar con ella”. Eso es exactamente lo que transmite su sonido: sin ser etéreo, las notas parecen detenerse y espaciarse. Parecen tomárselo con tanta calma como el apacible Frisell.

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P. ¿Cree que puede ser de alguna utilidad hablar sobre su música?
R. Sí, en cierto modo, las palabras pueden tender puentes, pero creo que es imposible describir con palabras lo que ocurre cuando uno toca. Es por eso por lo que toco. Siento que la música es mi auténtica voz.
P. Pero quizá no todo el mundo tenga tanta facilidad para llegar a su música como, por ejemplo, los afortunados asistentes a este taller…
R. Creo que, con escuchar, sencillamente, con una mente abierta, ya se da ese entendimiento. Sólo que hoy las cosas son sometidas a tal división, tal categorización… Se le pone límites a todo. Vas a una tienda de música y todo está compartimentado. Para mí la música es un espacio donde la gente puede reunirse, las músicas pueden coexistir, y no hay límites. No me gusta esa manía de dividirlo todo.
P. Su música entabla a menudo relación con las imágenes. Así, por ejemplo, en su último disco (Disfarmer, Nonesuch, 2009), inspirado en las fotografías de la América rural de Michael Disfarmer, o en el proyecto que viera nacer al 858 Quartet…
R. Me gustan estos proyectos, me inspiran. Normalmente, cuando compongo y toco, simplemente dejo fluir la música, pienso sólo en la música. Pero agradezco mucho que me encarguen proyectos así. Es un reto. En cierto sentido te limita, pero siempre me lleva a cosas en las que nunca había pensado, o me obliga a adaptar a la ocasión algo que andaba rumiando. Me hace crecer, me enriquece haciéndome salir de mi mundo propio. Pienso que ese irresistible instinto humano de dibujar, de pintar, es idéntico al que te hace tocar música. Es una necesidad inherente al ser humano. Si no hiciera música, probablemente me dedicaría a dibujar.

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A.M.C., Bill Frisell, Joseph Thapa, Dan Kaplan y Ángel Gómez Aparicio
en la Fundación Barenboim-Said.

Es curioso. Frisell, que se desplaza con naturalidad del ruidismo asociado al proyecto Naked City de John Zorn al minimalismo de las producciones ECM, del bop al rock, que no reconoce fronteras en la música o que las supera en un feliz eclecticismo que no deviene en batiburrillo de géneros como en la más ramplona fusión… Frisell, tras esas escapadas que lo llevan “al lugar preciso donde la música quiera conducirme”, parece siempre regresar a casa: ese Mid-West de resonancias míticas donde se crió, que fue cantado por Woody Guthrie y es depositario de un corpus musical que es el corazón de eso que, de modo necesariamente impreciso, damos en llamar americana. Así lo atestiguan, por ejemplo, sus dos últimos, reposados y espléndidos discos, Disfarmer y History, Mystery (ambos editados por Nonesuch). Tan recomendables como el concierto de esta noche y la obra entera de este hombre tranquilo.

Alberto Marina Castillo