
Foto: Manuel Ramos
Acudimos a nuestra cita con O Sister! sin sospechar siquiera que la calle de Triana donde se esconde su local de ensayo queda más cerca del Mississippi que del río Guadalquivir. Por algo nuestro amigo el músico Dan Kaplan, natural de Brooklyn, no podía creer, cuando escuchó su maqueta, que Paula, Helena, Marcos y Matías no provinieran de la vieja y fecunda Nueva Orleans, la tierra que viera nacer el jazz y a las Boswell Sisters, a quienes este grupo de chispeante swing homenajea. Matías, guitarrista, es argentino y el resto de las “hermanas” –bromean, Marcos bien flanqueado por ellas– son sevillanas. Y también son de hoy, como usted o como yo, por más que su swing arrebatador nos transporte a los años 30.
Un dato curioso: fueron invitados a la primera edición de Sevilla Indiferente, entre grupos de rock indie y pop de la escena hispalense. Lejos de extrañarse, Paula lo explica bien: “Nos ilusiona aparecer entre grupos de pop, como uno más, porque de eso se trata, de recuperar un momento en que el jazz no era minoritario ni elitista, sino una música tremendamente popular que llenaba salones de baile y sonaba en la radio a todas horas”… Lo que nos trae O Sister! no es un mero revival, una resurrección o chapucero exorcismo, pues la materia con la que trabajan –desde ese “Begin the Beguine” de Cole Porter con que dan comienzo a sus conciertos a la “Lullaby of Broadway” con que se despiden- no está precisamente muerta. Además, en sus gargantas las canciones antaño popularizadas por las fundacionales Boswell Sisters suenan frescas, suenan ahora sin perder ni un ápice de lo que fueron.
Nada hay de impostado en su propuesta, que nace del amor declarado a una música, la que destiló la Edad de Oro del Swing, el tan denostado jazz sonriente de los años 30 –Norteamérica precisaba entonces, no lo olvidemos nunca, de una sonrisa, una razón, aunque fuese espuria o efímera como un disco de 7 pulgadas, para sonreír, y Artie Shaw, Benny Goodman o auténticos hombres-sonrisa como Armstrong o Earl Hines propiciaron ese estado de ánimo, proporcionaron a todos la esperanza de que uno podía bailar y saltar como Fred Astaire sin despeinarse de un rascacielos a otro, cambiar el mundo con sólo proponérselo, como si de una película de Frank Capra se tratase…
O Sister! es además un proyecto certero, pues logra contagiar dicha pasión, consigue trasladarnos al origen, y por eso la pajarita de Marcos y su sombrero de paja, la indumentaria negra de Matías –que prefiere el segundo plano del acompañante, cosa que su brillante guitarra suele impedir–, los peinados de época de Helena y Paula, su belleza antigua, son un complemento idóneo, pero nunca –como en tantos proyectos en que se impone la imagen, el disfraz hueco– al revés. No tratan de rescatar el pasado a fuerza de gesticulación, no lo necesitan: deslumbran a su variopinto auditorio –la afición jazzística, el público popero, lo mismo da– con una técnica apabullante, un dominio absoluto de las complicadas armonías vocales, un fino sentido del humor y la firme convicción con que cantan, la convicción de quienes no dan por clausurado un repertorio casi centenario y el espíritu que lo anima… Si ellos demuestran que la música que interpretan sigue viva y coleando, el entusiasmo del público revela que dicho legado sigue estando vigente. Marcos encontró unos zapatos blancos que, “de tan modernos”, dice, “parecen antiguos”.
“Estamos evolucionando”, señala Helena, “hemos comenzado copiando, versionando, pero quién sabe lo que vendrá después: a lo mejor introducimos electrónica o claqué”. El entusiasmo se contagia, Marcos apunta la posibilidad de tocar con una big band y Paula, que entre otras cosas era la voz cantante de Solina, habla de temas en español: “las canciones que cantamos son dignas de entenderse”. Estalla la risa cuando deciden que lo mejor sería subtitularse… Muchas ideas, algunas realmente rompedoras (¿ragtime + electrónica?), propias de espíritus inquietos que reparten su desprejuiciado talento en proyectos variopintos, de la música antigua al pop, de la música vocal contemporánea (Proyecto Ele) al jazz, el folk… ¿Pero no hay ya en su homenaje a las Boswell Sisters –enormes predecesoras injustamente relegadas al olvido de las más famosas Andrew Sisters o de la todopoderosa Ella Fitzgerald– el germen de una ruptura? ¿No hay riesgo acaso y aventura en su apuesta por un jazz accesible que intenta salvar esa distancia que desde hace décadas no ha hecho sino ensancharse entre el público y el músico de jazz? ¿Cuántas veces no habremos oído eso de “creo que me gusta, pero es que yo no entiendo de jazz”? O Sister! pertenecen a esa rara estirpe de músicos que se permite disfrutar con lo que hacen y comparten con nosotros esa dicha. Aprendieron la lección de aquel clásico de Duke Ellington –que tan bien saben entonar, por otra parte–: It don’t mean a thing (If it ain’t got that swing), es decir, “no vale un pimiento, si no tiene swing”.
A la lista que prepara Isaac Davis, el protagonista de Manhattan, en la última escena de la película, y que incluye algunas de las cosas por las que merece la pena vivir –Groucho Marx, “Potato Head Blues” de Louis Armstrong, las manzanas de Cézanne– añadiríamos nosotros sin pensarlo dos veces la música radiante de esta crazy people, su maravillosa locura.
Alberto Marina Castillo