Entradas con la etiqueta ‘O SISTER!’

O Sister! en Rolling Stone

Martes, 8 de Junio de 2010

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Ilustración: José Luis Ágreda.

Crazy People, primer álbum de la banda de jazz O Sister! y primer título del catálogo discobólico, ha merecido ya incontables elogios a lo largo y ancho del mundanal ruido. He aquí el penúltimo de ellos, en la revista Rolling Stone: haz click aquí y verás. ¡Enhorabuena, queridos Hermanitas!

Bill Frisell: El hombre tranquilo vuelve a casa

Miércoles, 4 de Noviembre de 2009

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La Fundación Barenboim-Said acogió en su sede el taller o workshop impartido por el guitarrista Bill Frisell, que esta noche (miércoles 4 de noviembre, 21 horas, 14 euros) ofrece un concierto en el Teatro Central de Sevilla con su banda 858 Quartet, nacida en su día para “musicar” unas pinturas de Gerhard Richter y emancipada más tarde de aquel primer objetivo, por la sencilla y determinante razón de que Frisell y sus amigos disfrutaban de lo lindo tocando juntos. En una de las aulas de la fundación, nos recibía a Dan Kaplan (líder del grupo Krooked Tree) y a quien firma estas líneas. Al concluir el workshop, vimos salir a los participantes, entusiasmados, y entre ellos al guitarrista Matías Comino (O Sister!), que nos decía: “Es increíble, como si tocara el piano con la guitarra”. Esa afirmación da idea de la complejidad armónica del de Colorado, así como de su sonoridad. El crítico Joachim Berendt aseguraba que los años de clarinete –instrumento con el que Frisell diera sus primeros pasos– habían marcado su estilo, su peculiar sonido. Le preguntamos a Frisell si está de acuerdo. “Sí, claro. Empecé a estudiar seriamente con ese instrumento y, aunque hace tiempo que no lo toco, creo que influyó en la digitación y en mi forma de entender la guitarra. De alguna forma, trato de respirar con ella”. Eso es exactamente lo que transmite su sonido: sin ser etéreo, las notas parecen detenerse y espaciarse. Parecen tomárselo con tanta calma como el apacible Frisell.

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P. ¿Cree que puede ser de alguna utilidad hablar sobre su música?
R. Sí, en cierto modo, las palabras pueden tender puentes, pero creo que es imposible describir con palabras lo que ocurre cuando uno toca. Es por eso por lo que toco. Siento que la música es mi auténtica voz.
P. Pero quizá no todo el mundo tenga tanta facilidad para llegar a su música como, por ejemplo, los afortunados asistentes a este taller…
R. Creo que, con escuchar, sencillamente, con una mente abierta, ya se da ese entendimiento. Sólo que hoy las cosas son sometidas a tal división, tal categorización… Se le pone límites a todo. Vas a una tienda de música y todo está compartimentado. Para mí la música es un espacio donde la gente puede reunirse, las músicas pueden coexistir, y no hay límites. No me gusta esa manía de dividirlo todo.
P. Su música entabla a menudo relación con las imágenes. Así, por ejemplo, en su último disco (Disfarmer, Nonesuch, 2009), inspirado en las fotografías de la América rural de Michael Disfarmer, o en el proyecto que viera nacer al 858 Quartet…
R. Me gustan estos proyectos, me inspiran. Normalmente, cuando compongo y toco, simplemente dejo fluir la música, pienso sólo en la música. Pero agradezco mucho que me encarguen proyectos así. Es un reto. En cierto sentido te limita, pero siempre me lleva a cosas en las que nunca había pensado, o me obliga a adaptar a la ocasión algo que andaba rumiando. Me hace crecer, me enriquece haciéndome salir de mi mundo propio. Pienso que ese irresistible instinto humano de dibujar, de pintar, es idéntico al que te hace tocar música. Es una necesidad inherente al ser humano. Si no hiciera música, probablemente me dedicaría a dibujar.

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A.M.C., Bill Frisell, Joseph Thapa, Dan Kaplan y Ángel Gómez Aparicio
en la Fundación Barenboim-Said.

Es curioso. Frisell, que se desplaza con naturalidad del ruidismo asociado al proyecto Naked City de John Zorn al minimalismo de las producciones ECM, del bop al rock, que no reconoce fronteras en la música o que las supera en un feliz eclecticismo que no deviene en batiburrillo de géneros como en la más ramplona fusión… Frisell, tras esas escapadas que lo llevan “al lugar preciso donde la música quiera conducirme”, parece siempre regresar a casa: ese Mid-West de resonancias míticas donde se crió, que fue cantado por Woody Guthrie y es depositario de un corpus musical que es el corazón de eso que, de modo necesariamente impreciso, damos en llamar americana. Así lo atestiguan, por ejemplo, sus dos últimos, reposados y espléndidos discos, Disfarmer y History, Mystery (ambos editados por Nonesuch). Tan recomendables como el concierto de esta noche y la obra entera de este hombre tranquilo.

Alberto Marina Castillo

Crazy People goes to Azotea Sessions

Domingo, 12 de Julio de 2009

Ya el título del artículo que Carlos Colón publicaba la mañana del viernes, Jazz sobre la Catedral, prometía una noche mágica: ¿era posible llevar el swing más cerca de la Giralda sin que los músicos tuvieran que marinear entre gárgolas y arbotantes? El hermoso artículo atrajo, sin duda, la atención de muchos, tanto que el aforo de la espléndida azotea de la Casa de la Provincia de la Diputación de Sevilla se quedó corto ante la demanda, que desbordaba con mucho las expectativas de la organización discobólica y originó una larga cola en la plaza del Triunfo. Desde aquí pedimos disculpas a todos los que se quedaron fuera, amigos del jazz y de Discóbolo

Apenas se dio publicidad al evento, y aun así acudieron muchas más personas (hasta tres veces más, según algunos) de lo que la azotea podía soportar y de lo que teníamos previsto, con lo que muchos se quedaron con la miel en los labios… Pero no fue sólo aquel artículo el responsable del aluvión de público que se congregó a las puertas de la Casa de la Provincia: y es que el grupo que tocaba la noche del 10 de julio en aquella azotea junto a la Catedral de Sevilla era, ni más ni menos, O SISTER!, que esa noche, además, presentaba su esperado debut discográfico, CRAZY PEOPLE, grabado en los estudios Sputnik de Jordi Gil y primera referencia del recién nacido catálogo discobólico.

¿Cómo es posible, se preguntarán algunos, que un disco consagrado al jazz de los años 20 y 30 suscite tal entusiasmo? Sin duda, la adhesión a O Sister!, cuyo número de fans –un público desprejuiciado, variopinto, tan diverso que parece dinamitar cualquier estudio de mercado que prevea un público potencial en razón de la edad, el sexo o cualquier otro parámetro– no hace más que crecer, viene a confirmar lo que muchos sospechábamos y fue lo que, en definitiva, nos animó a fundar este pasquín musical que va ya por su número 3: que hay espacio y público de sobra para propuestas musicales singulares y artísticamente ambiciosas, que escapan a la norma, a lo establecido por un mercado ramplón y una industria musical que a menudo se muestra incapaz de satisfacer las necesidades de un público bien informado y exigente al que se desprecia cuando se trata de encasillarlo, de presentarlo como un todo homogéneo cuyos deseos serían –siempre según una incierta elite de programadores– fácilmente previsibles. En suma, que en ocasiones el criterio que prevalece, al margen de los dictados del mercado y la propaganda, es el de la excelencia artística. Y este es el caso de los O Sister!, eso es lo que la gente aplaude en sus conciertos, por lo demás divertidísimos.

O Sister! nos deleitaron con buena parte del repertorio que acoge su álbum, más tres temas: “St. Louis Blues”, una versión instrumental de “Sweet Georgia Brown” y “Dinah”, para deleite de los aficionados. En breve publicaremos aquí la grabación en vídeo de algunas piezas (gracias a la cámara y el pulso sin igual de Juanjo Fernández), pistoletazo de salida de las discobólicas AZOTEA SESSIONS. Así que estén atentos, permanezcan a la escucha!

Los miembros de Discóbolo querrían expresar aquí su agradecimiento: a la Casa de la Provincia de la Diputación de Sevilla, que tan generosamente cedió su espacio y personal para el evento, y en especial a Ángela Mendaro, José Reina, María Luisa Arias, al personal de seguridad y de mantenimiento; a todos los que acudieron esa noche a la 3ª fiesta discobólica, tanto si pudieron acceder como si no (de nuevo nuestras más sinceras disculpas); a Raúl y Fernando, de El Mandaíto Producciones; a Joaquín, Antonio y Juan Jesús, de ArtPro; a Fabián Romero, al sonido; a Juanjo Fernández, cameraman; a Lilo Tous, fotógrafo; a Carlos Colón; a Ricardo Amaya y Pedro Alpera, dicharacheros y simpáticos quiosqueros para la ocasión… y a los sensacionales O Sister! –Paula Padilla, Helena Amado, Marcos Padilla, Matías Comino, Camilo Bosso, Pablo Cabra– y sus músicos invitados, los maravillosos Ángel Andrés Muñoz, Raquel Batalloso y Miguel Romero, que nos brindaron una actuación difícil de olvidar. ¡Gracias!

Texto: La Cosa Discobólica

Fotos: José María Rodríguez Tous

Crazy people en la primera noche discobólica

Domingo, 21 de Diciembre de 2008

¿Será la fama que precede a los fenomenales O Sister! lo que atrajo a tanta gente hasta la Sala El Cachorro, la noche de la presentación de nuestro pasquín desplegable? ¿Serán los generosos y entusiastas artículos que le han dedicado a la revista el Diario de Sevilla, El Martillo Sin Dueño o La Ventana Pop, los responsables de que el viernes no cupiera allí un alfiler? ¿Será la Navidad…? Sean cuales fueren las razones que congregaron a tantos amigos de nuestra recién nacida publicación, los Discobólicos agradecemos a todos su presencia, confianza y generosidad.

La revista ganó esa noche medio centenar de suscriptores, que recibirán en su domicilio, la primavera próxima, el número 2 de la publicación y el esperado primer disco de O Sister! (si deseas suscribirte y contribuir así a la realización y publicación del disco, haz clic aquí; si quieres saber dónde puedes encontrar el número 1 de la revista, haz lo propio aquí).

Fue una hermosa velada para nosotros y esperamos que vosotros también disfrutarais de lo lindo. Desde el punto de vista musical fue, desde luego, una noche memorable: los de O Sister! (con un eficiente Jordi Gil llevando el sonido) bordaron durante dos pases un repertorio compuesto por escogidas joyas de la Era del Swing, y recibieron al cabo de su actuación una gran ovación, que fue recompensada con sendos bises. A esas alturas del concierto, el público –que se dividía entre los partidarios de “Roll On Mississippi Roll On” y los de “Crazy People” como piezas preferidas para el bis– ya se había soltado del todo y bailoteó incluso al compás de este último tema, que va camino de convertirse en todo un himno para los seguidores del grupo, tras ser aleccionados por las Sister en el difícil arte del paso de la gallina.

Pablo J. Vayón hablaba con cariño de “loco e ilusionante proyecto” y Blas Fernández, con idéntico y correspondido afecto, se preguntaba: “¿Hay que estar un poco majara para montar en estos momentos una nueva publicación musical impresa?”. Pues sí: en la primera party discobólica se juntó una buena patulea de majaras, ávidos de buena música y fiesta, y ni que decirse tiene que Discóbolo se siente absolutamente identificado con esta maravillosa “gente chiflada” y sus cabecillas, los O Sister!, responsables de que la revista, efectuando el paso de la gallina, haya dado el salto y se haya decidido también a producir y publicar discos (todo ello, claro, al ritmo de “Crazy People”). Tras el descubrimiento por parte de Javi Flores y Amélie, discobólicos de pro, de esta gente extraordinaria, Discóbolo asumirá los gastos y tareas propias del productor musical (trataremos de ganarnos el piropo de Paula Padilla cuando nos tildó de “mecenas”).

Gracias a O Sister! y a Jordi Gil por su música y por su entrega desinteresada y entusiasta; a María Hidalgo y la gente de la sala El Cachorro; a nuestros suscriptores, por la confianza que les merece el proyecto; a Manolo Ortiz por su logo y a Manolo Cuervo por las imágenes de portada; a Antonio Álvarez, impresor y  amigo; y a todos, por vuestra calurosa acogida. Un abrazo a los Discobólicos que estaban lejos y no pudieron acercarse y a los que no subieron a escena porque su pudor se lo impedía.

A su debido tiempo, los amigos de Discóbolo serán convocados para la próxima fiesta (con concierto, siempre) discobólica, que será en primavera, con ocasión de la publicación de nuestro número 2, pues trataremos denodadamente de hacer honor a nuestro lema: “Cada número, una fiesta”.

Alberto Marina Castillo

Fotos de José F. Salas

La irresistible sonrisa de O Sister!

Sábado, 20 de Diciembre de 2008

Foto: Manuel Ramos

Acudimos a nuestra cita con O Sister! sin sospechar siquiera que la calle de Triana donde se esconde su local de ensayo queda más cerca del Mississippi que del río Guadalquivir. Por algo nuestro amigo el músico Dan Kaplan, natural de Brooklyn, no podía creer, cuando escuchó su maqueta, que Paula, Helena, Marcos y Matías no provinieran de la vieja y fecunda Nueva Orleans, la tierra que viera nacer el jazz y a las Boswell Sisters, a quienes este grupo de chispeante swing homenajea. Matías, guitarrista, es argentino y el resto de las “hermanas” –bromean, Marcos bien flanqueado por ellas– son sevillanas. Y también son de hoy, como usted o como yo, por más que su swing arrebatador nos transporte a los años 30.

Un dato curioso: fueron invitados a la primera edición de Sevilla Indiferente, entre grupos de rock indie y pop de la escena hispalense. Lejos de extrañarse, Paula lo explica bien: “Nos ilusiona aparecer entre grupos de pop, como uno más, porque de eso se trata, de recuperar un momento en que el jazz no era minoritario ni elitista, sino una música tremendamente popular que llenaba salones de baile y sonaba en la radio a todas horas”… Lo que nos trae O Sister! no es un mero revival, una resurrección o chapucero exorcismo, pues la materia con la que trabajan –desde ese “Begin the Beguine” de Cole Porter con que dan comienzo a sus conciertos a la “Lullaby of Broadway” con que se despiden- no está precisamente muerta. Además, en sus gargantas las canciones antaño popularizadas por las fundacionales Boswell Sisters suenan frescas, suenan ahora sin perder ni un ápice de lo que fueron.

Nada hay de impostado en su propuesta, que nace del amor declarado a una música, la que destiló la Edad de Oro del Swing, el tan denostado jazz sonriente de los años 30 –Norteamérica precisaba entonces, no lo olvidemos nunca, de una sonrisa, una razón, aunque fuese espuria o efímera como un disco de 7 pulgadas, para sonreír, y Artie Shaw, Benny Goodman o auténticos hombres-sonrisa como Armstrong o Earl Hines propiciaron ese estado de ánimo, proporcionaron a todos la esperanza de que uno podía bailar y saltar como Fred Astaire sin despeinarse de un rascacielos a otro, cambiar el mundo con sólo proponérselo, como si de una película de Frank Capra se tratase…

O Sister! es además un proyecto certero, pues logra contagiar dicha pasión, consigue trasladarnos al origen, y por eso la pajarita de Marcos y su sombrero de paja, la indumentaria negra de Matías –que prefiere el segundo plano del acompañante, cosa que su brillante guitarra suele impedir–, los peinados de época de Helena y Paula, su belleza antigua, son un complemento idóneo, pero nunca –como en tantos proyectos en que se impone la imagen, el disfraz hueco– al revés. No tratan de rescatar el pasado a fuerza de gesticulación, no lo necesitan: deslumbran a su variopinto auditorio –la afición jazzística, el público popero, lo mismo da– con una técnica apabullante, un dominio absoluto de las complicadas armonías vocales, un fino sentido del humor y la firme convicción con que cantan, la convicción de quienes no dan por clausurado un repertorio casi centenario y el espíritu que lo anima… Si ellos demuestran que la música que interpretan sigue viva y coleando, el entusiasmo del público revela que dicho legado sigue estando vigente. Marcos encontró unos zapatos blancos que, “de tan modernos”, dice, “parecen antiguos”.

“Estamos evolucionando”, señala Helena, “hemos comenzado copiando, versionando, pero quién sabe lo que vendrá después: a lo mejor introducimos electrónica o claqué”. El entusiasmo se contagia, Marcos apunta la posibilidad de tocar con una big band y Paula, que entre otras cosas era la voz cantante de Solina, habla de temas en español: “las canciones que cantamos son dignas de entenderse”. Estalla la risa cuando deciden que lo mejor sería subtitularse… Muchas ideas, algunas realmente rompedoras (¿ragtime + electrónica?), propias de espíritus inquietos que reparten su desprejuiciado talento en proyectos variopintos, de la música antigua al pop, de la música vocal contemporánea (Proyecto Ele) al jazz, el folk… ¿Pero no hay ya en su homenaje a las Boswell Sisters –enormes predecesoras injustamente relegadas al olvido de las más famosas Andrew Sisters o de la todopoderosa Ella Fitzgerald– el germen de una ruptura? ¿No hay riesgo acaso y aventura en su apuesta por un jazz accesible que intenta salvar esa distancia que desde hace décadas no ha hecho sino ensancharse entre el público y el músico de jazz? ¿Cuántas veces no habremos oído eso de “creo que me gusta, pero es que yo no entiendo de jazz”? O Sister! pertenecen a esa rara estirpe de músicos que se permite disfrutar con lo que hacen y comparten con nosotros esa dicha. Aprendieron la lección de aquel clásico de Duke Ellington –que tan bien saben entonar, por otra parte–: It don’t mean a thing (If it ain’t got that swing), es decir, “no vale un pimiento, si no tiene swing”.

A la lista que prepara Isaac Davis, el protagonista de Manhattan, en la última escena de la película, y que incluye algunas de las cosas por las que merece la pena vivir –Groucho Marx, “Potato Head Blues” de Louis Armstrong, las manzanas de Cézanne– añadiríamos nosotros sin pensarlo dos veces la música radiante de esta crazy people, su maravillosa locura.

Alberto Marina Castillo