Entradas con la etiqueta ‘PONY BRAVO’

No te pierdas la fiesta Discóbolo n.5 + Pony Bravo

Viernes, 19 de Noviembre de 2010

Ponybravo_Un_gramo_de_fe_Cover

¡YA PUEDES DESCARGAR GRATUITAMENTE EL ÚLTIMO DISCO DE PONY BRAVO, UN GRAMO DE FE!

Echa un vistazo en El Rancho

¡No te vayas a perder esta FIESTA!

En el número 5 de Discóbolo podrás encontrar reseñas sobre: Pony Bravo, Mose Allison, Django Reinhardt, Patti Smith, Vijay Iyer y muchos más

bajo las rutilantes firmas de: Pablo J. Vayón, Paco Camero, Alicia Martínez, Bruno Padilla, Ivan Pivotti, Jorge Minguet, Alfonso Crespo, Javier Flores, Jesús Martín y Al Mandarina, entre otros (con el respaldo constante y firme del resto de Discobólicos y del Sr. Papaya, por supuesto)

DISCÓBOLO PARTY N.5

Lunes, 15 de Noviembre de 2010

Presentacion_Discobolo_small.450

La Cosa Discobólica se complace en invitarles a la fiesta de presentación del número 5 de Discóbolo, el pasquín favorito de los niños y del underground famoso, la única revista musical gratuita y desplegable que sirve, además, gracias a su tamaño creciente, como mantel a la mesa, cucurucho en la cabeza y sábana en el amor. Será el miércoles 24 de noviembre, en el Teatro Central de Sevilla, a partir de las 20:00 horas, justo antes del concierto de Pony Bravo, que pondrá música a nuestros más discobólicos anhelos, y que presenta también algo: su esperado segundo álbum, Un gramo de fe, que nosotros hemos escuchado y reseñado ya en este flamante number 5. ¡No se lo pierdan! Las entradas se pueden comprar por anticipado en Unicaja Tickets y en la taquilla del Teatro Central. Para más información visiten El Rancho.

Para la ocasión, Discóbolo invitará a un barril de cerveza y ofrecerá la posibilidad –primicia mundial– de sabrosas suscripciones discobólicas repletas de sorpresas… Vean un adelanto de lo que les aguarda:

ENDIRECTO PONY BRAVO – NIÑA DE FUEGO (WAAAU.TV) from WAAAU.TV on Vimeo.

La Cosa Discobólica

From Pumarejo to Universe

Viernes, 12 de Noviembre de 2010

Nuevo cartel ponybravo

Nuevo disco, nuevos temas… y una nueva fiesta de Discóbolo….

Discóbolo goes to Primavera Sound, 4 etc.

Martes, 25 de Mayo de 2010

El Primavera Sound se ha ganado a pulso ser reconocido hoy como uno de los más exigentes y -por qué no reconocerlo- cómodos festivales de pop europeos. Es, en el mejor sentido de la palabra, un festival urbano: no hace falta acampar, se respira buen ambiente y se accede fácilmente desde el centro de la ciudad. Ni en los conciertos más multitudinarios -ésos que tienen lugar en el escenario San Miguel, por ejemplo- nos agobiará la bulla. Como en cualquier festival, hay de todo: quien va al Primavera Sound -así como al Primavera Club, su homónimo invernal- a descubrir nuevas voces o en pos de supergrupos en activo, recuperados o incluso resucitados para la ocasión, o exclusivamente a bailar de madrugada al son de los tambores electrónicos; está el profesional del evento, que acude con las ideas claras y una cuidada selección de horarios meditada durante semanas para que ninguno de los artistas predilectos se pise, y el neófito que se deja caer al tuntún por los conciertos; hay también quien busca pavonearse -y el Parc del Fòrum, por estas fechas, es una inmejorable pasarela para modernos y gafapastas- y lucir modelito del lado del siempre inevitable hype -ya saben, esos grupos del todo prescindibles, productos elaborados ex profeso por los diseñadores de tendencias, definidores de lo más-. Eso sí, hasta los proyectos más insulsos se diluyen entre la abundante y cuidada oferta del festival. Y ésa es la marca de la casa. De modo que hasta el más desavisado de los visitantes se verá recompensado al menos con una decena de estupendos conciertos al día en su paseo por el recinto del Fòrum y sus siete escenarios principales (Ray-Ban, Auditori, ATP, Vice, Pitchfork, Adidas y el ya mencionado San Miguel).

Si el Primavera comienza oficialmente el jueves 27, ya desde el pasado viernes se ha ido calentando motores, con la actuación de grupos nacionales como 3 Mellizas tocando en el metro. Hasta el 27, primer día en el Parc del Fòrum, se sucederán conciertos en varios escenarios complementarios: el parque Joan Mirò, la Fnac, el metro y un puñado de clubes: La [2], Fantástico, Monasterio y la sala Apolo, donde el próximo domingo se cerrará el festival con varias actuaciones, rematando los Black Lips la fiesta de despedida.

Cada edición del Primavera plantea al melómano un sinfín de quebraderos de cabeza: hay que elegir. Este año se nos ofrece un atractivo cóctel de grupos jóvenes, formaciones veteranas, viejas estrellas del underground aún en activo y sonados regresos. Es imposible verlo todo y sólo si se asume este principio o perogrullada se podrá disfrutar plenamente en este dédalo de conciertos. De entre los cerca de 200 grupos en liza, y reduciendo nuestra lista a la veintena, nosotros apostaríamos por los siguientes imprescindibles: Pony Bravo, The Wave Pictures, Condo Fucks, Ganglians, The Almighty Defenders, Panda Bear, Tortoise, Van Dyke Parks, Sic Alps, Mission of Burma, Shellac, Atlas Sound, Black Lips, Bigott, Pavement, Hope Sandoval, Beach House, Scoutt Niblett, Wilco, Lee Scratch Perry y Cocorosie, por ejemplo. Que ustedes lo disfruten.

Alberto Marina Castillo

(Artículo publicado en Diario de Sevilla, 24/05/2010)

¿A dónde vas, Pony Bravo? ¿A dónde me llevas?

Domingo, 21 de Junio de 2009

El ciclo Pop-Rock en el Central acogía este fin de semana un plantel de grupos que hacía pensar en el año pasado y la apuesta de sus programadores por la música folk estadounidense: ¿recuerdan a Two Gallants, Vetiver, Akron/Family o Vic Chesnutt? Pues este año, que tristemente ha visto –ay, la crisis– cómo los tres días del ciclo quedaban reducidos a dos, también han ido por ahí los tiros, con una particularidad: entre los grupos de americana y los songwriters brilló con luz propia –y no es sólo un decir– la propuesta de un grupo nacional, PONY BRAVO.

Viernes 19

Damien Jurado abría el ciclo con un concierto adusto que algunos rechazaron por monótono y otros aplaudieron por su sobriedad. Una voz, una guitarra y un puñado de rupturas, relaciones imposibles, canciones tristes con las que Jurado bromeaba: “Haré todo lo posible esta noche por no acabar llorando”. Canciones sencillas que pueden calar hondo o conducirte directamente al bar. Nos imaginamos a un jovencito Damien rayando el primer disco de su incipiente discoteca: algo de Nick Drake, supongo.

Después, tras redoble de tambores, Lambchop en escena (y ésta al nivel del público). Ya se sabe, Lambchop es un grupo de culto y tiene muchos adeptos, pero también hubo quien salió algo desencantado del concierto (reconozco que a mí también me sobraba el piano en ocasiones y hubiera preferido la steel guitar, por ejemplo) y quienes, en su primer acercamiento al grupo de Nashville, no llegaron a conectar con su propuesta. Nosotros disfrutamos de lo lindo, pero creo que puedo entender las reticencias (si es que puede uno y debe explicar las reticencias de los otros: ojo, lo hacemos porque fueron también las nuestras cuando nos acercamos por vez primera al grupo de Wagner): Lambchop está ensayando esa suerte de acercamiento del soul, el country, el gospel y el pop que caracterizó al Dylan post Desire, renacido por enésima vez en los años 80, y que a mi parecer nadie ha llevado a tan altas cotas artísticas como Ry Cooder. Y ese híbrido es difícil de conducir y también de digerir. Como para confirmar lo que estábamos pensando (y de paso inflar el ego del cronista, que en esas circunstancias y en la oscuridad de la sala parece un sapo ufano junto a su charca, y a veces croa su comentario a la ranita de al lado, para incordio de los presentes), Lambchop redondea poco antes de marcharse su espléndida versión de “I Threw It All Away”, de aquel discazo dylaniano, Nashville Skyline.

Sábado 20

Martha Wainwright bordó un hermoso concierto el sábado, con rubias fans compatriotas en primera fila incluidas (y que estaban al quite, llegando incluso a hacer las veces de apuntadoras de su admirada Martha), propiciando la proximidad (”¿alguien del público tiene una púa?”, pregunta la Wainwright a un auditorio bien receptivo, y con púa), conduciendo con naturalidad un repertorio que incluía temas de Edith Piaff y de su último álbum hasta la fecha, I Know You’re Married but I Got Feelings Too (2008). Dicha espontaneidad nos trajo lo mejor de la canadiense –¡esa voz!–, pero también lastró en algún momento la actuación (vamos, que quizá sobrara la presencia del productor Brad Albetta, muy simpático en plan Bill Murray, pero algo histriónico y no muy sobrado al piano que digamos). Con todo, Martha W. (que por casualidad comparte siglas con M. Ward, gran ausente en esta cita) ofreció un delicado y emocionante concierto en el que sobresalieron temas como “Bleeding All Over You”, la “Tower Song” de Cohen, o esa “Comin’ Tonight” en la que Wainwright remata las estrofas a la manera de Neil Diamond:

Lo que vino luego sobrepasó los límites estrechos de un teatro para colarse cual plaga de termitas –éstas no silenciosas, sino punkis– en los cimientos de la cultura instituida, en nuestras conciencias: con Pony Bravo –y como reza la canción homónima– la música se escapó de la rueda, huyó de lo establecido, echó a correr por la ribera…

Se levanta el telón y ¿qué es eso que parpadea entre los instrumentos en penumbra? ¡Hola, soy Curro, la mascota de la Expo’92! Una de esas atracciones para niños que funcionan con una moneda y que menudeaban en tiempos (pre-playstation) por baretos y ventas, ¿recuerdan?, con un Curro entre guasón y maléfico, pero siempre inquietante, en la proa… Así sale a escena Pony Bravo y accede con una media sonrisa a esa especie de podio musical sevillano que es el Central. Pero eso es sólo el principio, el guiño, una puesta en escena arriesgada y graciosa coherente con la carga conceptual que de nuevo sabrán administrar con éxito en esta actuación Dani Alonso, Pablo Peña, Darío del Moral y Javier Rivera. En aproximadamente una hora (habríamos deseado más, pero tenían un horario marcado que tristemente les dejaba poco tiempo), Pony Bravo desgranó un repertorio bien escogido con temas de su primer elepé, Si Bajo De Espalda No Me Da Miedo (Y Otras Historias), y algunas sorpresas: “Banco”, “La Voz del Hacha” y “La rave de Dios”, temas que destaparon por primera vez esa noche, o “El Campo Fui Yo”, que algunos habíamos tenido la suerte de escuchar con anterioridad. Un repertorio tal que así:

El resultado parecía por momentos una perfecta conjunción de las dos vertientes que han adoptado los sevillanos y que llevan por nombre PONY BRAVO y FIERA. Lo cual resulta tan inevitable como gratificante: hay mucho que decir y los caminos emprendidos coincidirán a veces en un fructífero diálogo. Hay quienes (como el amigo Blas Fernández) sostienen que el eclecticismo de Pony delata en cierto modo su inmadurez e incluso que estorba e impide que se resuelva y decante su estilo, o mejor dicho, que Pony Bravo ha entrado en una cierta deriva que anula en parte lo que Si Bajo de Espalda prometía. ¿Pero no será ése precisamente su estilo, su vocación? Ya en el álbum se advertían esos rasgos que hacen de Pony Bravo lo que es y que ahora se desenvuelven plenamente en directo: la autoexigencia, que en un proyecto como el suyo se tranduce en versatilidad, asunción de riesgos, inconformismo; esa incursión –irónica o no– en registros variopintos que en el terreno de la tradición local y patria adopta aires de razia desenfadada; una irreprochable relectura del cliché, del pintoresquismo y lo kitsch, que sólo una base conceptual como la suya puede salvar de la nadería postmoderna; una inquebrantable voluntad de ramificación y dispersión, que depara resultados imprevistos pero bien atados a un poderoso centro creativo; una originalidad que se cifra en lo imprevisible, en la conciliación humorística de extremos, y que rehúye los artefactos hype tan frecuentes en la escena pop… En definitiva, Pony Bravo es una banda en desarrollo, y esto no es sólo una perogrullada, sino acaso una clave, porque el grupo asume la evolución como esencia y se muestra valiente –que no precipitado– en su voluntad de quemar etapas. Es, en ese sentido, una banda démodé y auténtica que ha penetrado, a golpe de machete, en una industria musical que bosteza.

Nada podía ya Don Caballero, grupo que vino a cerrar el ciclo, con su gélido virtuosismo, en su intento por llegar a un público que había sido tocado por el duende, la rabia y la libertad de ese pony desbocado. En el bar, en la sala o caminando ya junto al río de vuelta a casa, muchos reclamaban ya para sus adentros o a grito pelado “¡un gramo de fe!”.

Texto: Alberto Marina Castillo

Cartel: Dani Alonso

Tony Allen: y el mundo late al ritmo de África

Miércoles, 27 de Mayo de 2009

Tony Oladipo Allen (Lagos, Nigeria, 1940), buque insignia del afrobeat, ese embriagador cóctel de soul, jazz, groove, psicodelia y ritmos africanos que hoy vuelve a estar de moda gracias a su influencia reconocida y reconocible sobre grupos punteros como Vampire Weekend, Pony Bravo o Animal Collective, presenta Secret Agent, su nuevo disco, que produce él mismo y que publicará a comienzos de junio World Circuit. Con arreglos de templada simplicidad cuando no de majestuoso funky, una sección de vientos de aliento clásico que nos hace retroceder hasta aquel hardbop de Blue Note que tanto influyera en el muchacho nigeriano, y un coro femenino que lleva la voz cantante, Secret Agent supone todo un alarde de contención, así como una declaración de intenciones afrobeat (cargada, pues, de ritmo, política y celebración) y hasta si me apuran un autorretrato de este batería de pulso único que fuera brazo derecho del mítico Fela Kuti en los años cruciales de Africa 70. Allen, que nos concedió esta entrevista tras su paso por Territorios África, agachaba la mirada cuando nos referíamos a su aura de leyenda, nos ofreció unas pastitas y algunos recuerdos…

Discóbolo: Usted es toda una institución, pero su nuevo disco, Secret Agent (World Circuit), rebosa frescura, parece que no hayan pasado cuarenta años desde que cuajara el afrobeat.

Tony Allen: Bueno, verá, lo que intento es hacer algo propio y nuevo cada vez, cada noche de concierto, aportar algo que no aburra a mi público, imprevisible, y no dejo de aprender con ello.

D: Es una idea muy jazzística.

TA: Claro, siempre tengo en mente un concierto de jazz cuando toco. De hecho, mis comienzos con Fela, en los años 60, fueron en el jazz. Ésa es mi escuela. Pero después tuve que buscar mi propia voz. Buscaba algo nuevo y Fela también, él buscaba un batería diferente para su música.

D: ¿Echa de menos algo de aquellos años?

TA: No, me preocupa el presente y el porvenir. No podría componer ni tocar si viviera instalado en el pasado.

D: ¿Cuál era su grado de colaboración con Kuti?

TA: Fela y yo coincidimos desde el primer día. Teníamos las mismas inquietudes y nos entendíamos a la perfección. Aquello ensanchó mis horizontes, porque la música de Fela era un continuo reto.

D: Sus letras rezuman compromiso político, en la tradición del afrobeat.

TA: A veces, no siempre. Lo que me interesa es la gente, no esta raza o aquella, sino la gente, y musicalmente me preocupa llegar al público. En lo que se refiere a la política, soy optimista, pienso que las cosas irán a mejor en el futuro, que la democracia llegará y se afianzará sustituyendo a las dictaduras militares.

D: ¿Se siente cómodo con la etiqueta afrobeat?

TA: Sí, por qué no… Queríamos hacer algo personal, y el afrobeat es una fusión de muchas tradiciones diferentes, un estilo complejo que me permite expresarme sin preocuparme de si lo que toco es jazz o rock o lo que sea.

D: ¿Y qué nos dice de The Good, The Bad and The Queen [el grupo que formó junto a Paul Simonon, Damon Albarn y Simon Tong]?

TA: Aquello se acabó.

D: ¿De dónde saca esa energía?

TA: No lo sé, supongo que de Dios, el Dios al que rezo…

D: ¿Y a qué dios le reza?

TA: Al que no se ve, pero está en todas partes.

Allen no parece lastrado por la fama: no hay en él sombra de presunción, y cuando asoma en el curso de la conversación cierto orgullo por el trabajo bien hecho, casi siempre acude a sus labios el nombre de su compadre Fela Kuti, fallecido en 1997. Sin embargo, Allen renuncia a la nostalgia como su batería rehúye el efectismo y la pirueta. Su nuevo disco es una buena muestra de su forma de ser y de tocar: sobriedad y sencillez delatan al maestro.

Alberto Marina Castillo

(dedicated to Jorge Mingus)

Sábado, 20 de Diciembre de 2008

Pony Bravo: Si bajo de espalda no me da miedo. Discos Monterrey.

El pony bravo se salió de la rueda, no aguantaba más, cada día cientos de niños sobre él, sin compasión… El pony bravo va por la ribera, hay ranas saltando sobre sus huellas… Con su debut, Pony Bravo ha echado a correr libremente y ha grabado uno de los discos más brillantes del año (y no añadiremos la coletilla “en este país”, pues Si bajo de espalda no me da miedo se cuenta entre nuestros discos favoritos, a secas). El grupo, que grabó con la recién fundada Discos Monterrey y ahora camina solo, apunta hacia tantas y tan diversas direcciones, que puede hablarse, más que de rock fronterizo, de verdadera encrucijada.

Alberto Marina Castillo